Único entre miles.
Marcando diferencia con sus ojos soñadores, entre miles de ojos, de todos los colores.
Con sus labios, especiales entre miles de sabores.
Único entre miles, con su piel brillante y pálida, con sus ojos firmes y observadores. Hechizada desde el primer momento en que vi su trasfondo. Limpiando mi alma con cada roce de nuestras manos (que encajaban perfectamente, repito).
Único entre miles, con esa sonrisa que sólo me inspiraba a besarle, con esa mirada que me inspiraba a soñarle.
Único entre miles, creando un nuevo territorio en mi mente, sólo para él, destinado a pensarle por cada pequeño instante.
Único entre miles, creando un mar de sentimientos en mi interior, logrando el ambiente perfecto.
Él, envuelto en un jardín de flores, él siendo la más hermosa, la más colorida, la más risueña, la que más brillaba.
Mi alma revivía cuando nuestros labios creaban melodías, se combinaban con un sin fin de ambientes donde podíamos encajar.
¿Quién necesitaba música al besarlo? Él era la música.
Y mientras él mundo oscurecía, el creaba un nuevo camino de colores, y a su lado yo caminaba.
Sus ojos, como el café, me despertaban.
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